El resultado final de la ONPE al 100% de actas procesadas y contabilizadas, ha dejado con un mal sabor de boca a la mitad del Perú, con un sabor a derrota, y con cierto aroma a un temible vaticinio de un futuro oscuro, hambriento y de exilio.

También se ha tratado de instaurar rumores de un fraude electoral realizados en mesa, los cuales son sólo cotilleos tendenciosos, producto de la renuencia de aceptar una realidad que se supo durante toda la campaña de segunda vuelta en donde Pedro Castillo, quien a pesar de sus desafortunadas declaraciones en repetidas ocasiones, y su notoria carencia de conocimientos en gestión pública, economía básica y política en general; se ha mantenido siempre por encima de Keiko Fujimori en todas las encuestas, desde las menos prestigiosas, hasta las más acaudaladas e internacionales; las cuales siempre fueron cuestionadas por su veracidad por los seguidores del candidato de Perú Libre. Algo ilógico, ya que siempre lo mantuvieron en primer puesto, y en muchas ocasiones con abultada ventaja.

Para ser sincero con ustedes, yo tenía la tenue ilusión de que ganara Keiko, y está de más decir que mi voto fue por ella; y no porque sea fujimorista; sino porque ella representaba a esa derecha (aunque no liberal como está en mis convicciones políticas) que siempre he buscado desde que tengo la oportunidad de ejercer mi derecho al voto, y a la cual me regiré hasta mi último aliento. No me veo con un pensamiento de izquierda, ni en el futuro más remoto.

Los motivos, por los cuales yo soy un férreo defensor de la derecha liberal, es porque a diferencia de algunas personas, yo no tuve la oportunidad de nacer en una cuna de oro; y aunque tampoco avizoré, ni remotamente, la pobreza extrema; lo cierto es que buena parte de mi vida he visto a mi madre ingeniárselas para hacer alcanzar el dinero y poner todos los días el alimento en la mesa. Pero también vi que a base de su esfuerzo constante y como consecuencia de la meritocracia que nos gobierna a todos, independientemente del gobierno de turno, (de momento) hemos podido salir adelante, y hoy en día disfrutar de ciertas comodidades, las cuales, por lo menos mi madre, las tiene bien merecidas.

Con ese ejemplo tan probo de mi madre, empecé mi vida laboral (aunque informal) desde mis dieciséis años, y aprendí que el dinero no me lo tiene que dar mi madre, ya que probablemente lo que me diera no cubriría mis expectativas, y al ser regalado no puedes exigirle más. Entonces entendí que si quiero alcanzar una meta, sólo hay un camino para llegar a ella, y es trabajando y esforzándome. Tal vez en esos inicios fui explotado, trabajé durante 32 horas seguidas en alguna ocasión, el pago fue ridículo en demasiadas oportunidades; pero la sensación de satisfacción al sentir que ese dinero me lo había ganado yo, no tiene descripción en palabras.

A lo que quiero llegar con esta pequeña reflexión, es que a pesar de que creo en un sistema de gobierno alineado a la derecha liberal, en donde se respeta la propiedad privada, donde se promueve la inversión extranjera y privada, (las cuales generan miles de empleos), donde la competencia de mercado es abierta para cualquiera de nosotros. Una derecha que respeta a las minorías vulnerables y a la igualdad de género, que promete una economía abierta de libre mercado internacional, y respeta los poderes autónomos en su plenitud. A pesar de que defiendo todo lo anteriormente dicho; es evidente el triunfo, (que a mi parecer fue legítimo), de Pedro Castillo, quien propone todo lo contrario a mis ideales, y en sus mítines acalorados y multitudinarios vocifera la nacionalización de las minas, la disolución del Tribunal Constitucional, la desactivación de la Defensoría del Pueblo, entre otras expresiones Velasquistas.

Es evidente y comprensible la preocupación y el recelo con el que vemos su ya demorado triunfo; pero tenemos que ser conscientes que este resultado es un reflejo del olvido del Perú profundo, que por décadas ha sido condenado al confinamiento, al hambre y al abandono absoluto por parte de los gobiernos y de la clase media y alta en general. Una población que ha sido marginada y subestimada durante todos estos años; pero que estas elecciones nos han demostrado que no son un grupo aislado, sino que es un porcentaje importante de la población nacional que ha sido apartada del crecimiento constante que el Perú viene teniendo durante más de una década.

Es por eso que no podemos ser indiferentes, ni mirar este resultado de forma despectiva; ni mucho menos tratar de desconocer estos resultados por el simple hecho que no nos gusten; condicionando la democracia, que supuestamente defendemos, a nuestro favor. Hoy en día no nos queda otra opción que ser resilientes, y ejercer la derecha como opositores constructivos a este Gobierno; permitir que la izquierda ejecute su plan de gobierno de forma moderada, atendiendo las necesidades del Perú profundo, pero de forma asertiva y sin atropellar al empresariado privado, sin despilfarros insostenibles que nos lleven a la escasez en un futuro cercano, y respetando las distintas autoridades autónomas, como el BCR, por ejemplo, que viene realizando una labor admirable a nivel latinoamericano.

Es importante atender los asuntos de la sierra más olvidada, y de los pobres que no tienen voz; pero también es importante mantener las cosas que ya vienen funcionando de forma eficiente en nuestro sistema económico, y mejorar muchos otros sectores que tienen potencial para acelerar ese crecimiento económico que se ha visto disminuido incluso antes de la pandemia.

Es necesario que nuestro nuevo presidente se divorcie de esa izquierda radical que propone el ideario de Vladimir Cerrón, que se ha comprobado a nivel mundial que no funciona, que si hubiera la oportunidad hipotética que el mismo Karl Marx pudiera opinar sobre su Manifiesto, es muy probable que diga que fue un error, que los tiempos han cambiado, y que sus ideas comunistas no son sostenibles.

Es importante que Pedro Castillo empiece a tener voz propia, y demuestre ante su partido, y ante el pueblo peruano, que él es quien manda, él es quien gobierna y él es quien fue elegido por poco más de la mitad de este país. Es crucial en estos momentos que mejore su equipo técnico, el cual carece de solidez, y se dice y contradice todo el tiempo. Es momento que deje de improvisar y por una vez en lo que va de campaña, empiece a planificar.

A la otra mitad de peruanos que nos sentimos derrotados, que tenemos miedo de que nos trunquen esas oportunidades que hemos tenido y aprovechado para construirnos un futuro mejor; a todos ellos sólo me queda pedir serenidad y resiliencia; tener la fe de que nuestro sistema político es sólido y no se puede desmoronar tan fácilmente. También les diría que desistan de la idea de un fraude, y mucho menos se siga apoyando la idea de la nulidad de las elecciones, que contradicen todo lo que representa esa democracia que defendemos. Es momento de aceptar la derrota y no hacerle más daño a este país.

Alas y buen viento a todos. Y la mejor de las suertes en estos cinco años de Pedro Castillo.

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